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  • CAMBIANDO VIDAS, UN BEBÉ A LA VEZ

    Universial Newborn Hearing Screening

    A pesar de que las primeras solicitudes de exámenes de audición se originaron hace ya más de medio siglo atrás, el camino que comenzó con experimentos y programas piloto hasta finalmente alcanzar los estándares de atención de hoy en día fue bastante arduo. Los precursores Wedenberg (1956) y Froding (1960) en Suecia intentaron examinar la audición de neonatos a través de la respuesta reflexiva de apertura y cierre de los párpados ante un sonido fuerte, pero debido a su baja confiabilidad, pronto descartaron la adopción de esta técnica. Sin embargo, sus recomendaciones de someter a recién nacidos a un examen de audición de carácter “obligatorio” inició un movimiento que logró extenderse en todo el mundo gracias a los esfuerzos de pioneros como Marion Downs, quien lanzó la primera campaña organizada para examinar a recién nacidos. En su proyecto de 1964 llevado a cabo en Denver, Colorado, varios voluntarios capacitados examinaron a un total de 17.000 recién nacidos utilizando un dispositivo que emitía un ruido abrupto de un nivel de presión sonora de 90 dB con el objeto de obtener una reacción de sobresalto en los examinados. Una vez más, la baja confiabilidad de una respuesta comportamental y la incidencia de la subjetividad de los examinadores, indican que no fue posible desarrollar un protocolo aceptable para examinar la audición de recién nacidos. Consecuentemente, comenzaron a surgir métodos alternativos para identificar infantes con factores de riesgo para someterlos a exámenes selectivos como una alternativa prometedora hasta que fue aparente que esta estrategia lograba detectar deficiencias auditivas en cerca de un 50% de los infantes examinados.

    En los años 80, el examen de respuesta auditiva del tronco encefálico y más tarde el de emisiones otoacústicas, renovaron el interés por la implementación de un examen universal, pero tras la introducción en 1985 del examen ALGO® AABR® (respuesta auditiva del tronco encefálico), por primera vez fue posible examinar a todos los bebés a través de un método automatizado e inteligente de detección de respuesta estadístico capaz de mantener la rigurosa precisión y efectividad del examen de respuesta auditiva del tronco encefálico usando médicos clínicos altamente capacitados.

    La implementación del examen de audición universal para recién nacidos ganó una gran aceptación en la comunidad médica sólo luego de que la tecnología necesaria para la realización de este examen fuera lo suficientemente difundida como para ganar el apoyo de la salud pública. Hoy en día en los Estados Unidos y varios otros países, más del 97% de los recién nacidos son sometidos a exámenes auditivos. La deficiencia auditiva congénita ahora se interpreta como una emergencia de desarrollo debido a que las neuronas auditivas no estimuladas son alistadas y “reconectadas” por otras áreas de la corteza cerebral, lo cual deriva en la pérdida futura del potencial auditivo una vez ocurrida esta reorganización. Ya que más del 96% de los infantes con deficiencia auditiva nacen de dos padres sin deficiencia auditiva que esperan comunicarse con su bebé a través del lenguaje oral, existe una necesidad urgente por apoyar este proceso de vinculación afectiva y continuar la secuencia normal del desarrollo infantil.

    La evidencia que demuestra el verdadero beneficio de la detección temprana está comenzando a emerger de investigaciones a largo plazo actualmente en curso. El proyecto de estudio longitudinal de niños con deficiencias auditivas o LOCHI, por su sigla en inglés (www.outcomes.nal.gov.au), es un estudio prospectivo basado en poblaciones específicas que básicamente compara los resultados de los niños que fueron identificados con deficiencias auditivas en forma temprana en relación a aquellos que fueron identificados en forma tardía. Las diferentes etapas de implementación del examen universal de deficiencia auditiva (UNSH) realizado en Australia entre 2002 y 2007 crearon dos corrientes divergentes entre los exámenes neonatológicos y los subsecuentes exámenes estandarizados de la asistencia médica. Debido a que todos los niños recibieron los mismos servicios gratuitos de seguimiento por parte de la sociedad australiana de la audición, Australian Hearing, los resultados de este estudio en particular se pueden comparar en forma uniforme. El estudio LOCHI brinda la primera evidencia mundial en base a poblaciones específicas de que el uso de audífonos a los 6 meses de edad o de implantaciones cocleares a los 12 meses, acompañado por intervenciones para el desarrollo del lenguaje, son variables claves para predecir el futuro desarrollo auditivo y que las intervenciones destinadas al desarrollo de las habilidades de prelectura son esenciales para que los niños con deficiencias auditivas reciban el beneficio completo de la detección temprana.

    Deficiencia auditiva: una emergencia de desarrollo

    El verdadero objetivo de someter a recién nacidos a un examen auditivo, la óptima predicción de la audición futura en niños nacidos con deficiencia auditiva permanente, no se puede lograr a menos que lo bebés que sean derivados a posteriores evaluaciones reciban una evaluación de diagnóstico audiológica, la percepción de sonido a través  de audífonos o implantes cocleares junto con una efectiva intervención tan pronto como sea posible, lo cual representa el mayor desafío en la actualidad en muchas lugares. A pesar de la exitosa cobertura de casi todos los nacimientos en varias regiones, la falta de seguimiento y de documentación resulta en que alrededor de un 40% de los infantes examinados no sean contemplados por el sistema de detección temprana. Una mejor y más fluida comunicación entre padres y médicos, un mayor uso de los sistemas de administración y seguimiento de datos, mayores recursos audiológicos pediátricos e innovaciones como la telepráctica empleada en regiones sin cobertura son algunas de las soluciones propuestas para asegurar la eficiencia y la efectividad de los programas de audición de recién nacidos. Es evidente que la importancia de la detección temprana de la deficiencia auditiva y las consecuencias potenciales de por vida cuando los bebés y sus padres pierden esta oportunidad no pueden ser desestimadas y seguirán demandando nuestra total atención.

    Los beneficios económicos y sociales de la detección temprana de deficiencias auditivas a nivel familiar, comunitario y nacional brindan una emocionante oportunidad y una verdadera necesidad imperativa por esta identificación.

     

    El examen universal de deficiencia auditiva ha probado ser un primer paso esencial para lograr resultados que previamente se creían imposibles y para cambiar vidas, un bebé a la vez.

    JUDITH A. MARLOWE, PHD, FAAA, CCC-A – Directora ejecutiva, Audiología y Relaciones profesionales – Natus Medical Incorporated

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